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SAN ESTEBAN
Textos: Alberto Fdez Ferrero. © Real Cofradía del Santo Entierro, Zamora. La iglesia de San Esteban, fue edificada en la segunda mitad del s.XII o quizás los primeros años del s.XIII. Su origen y uso original parece ser el de capilla de un monasterio que allí, junto a sus muros, se alzaba. Desde entonces ha perdido la torre, y el claustro que en su lado meridional hubo. Durante parte de su historia tuvo adosada unas pequeñas paneras que fueron propiedad de la Real Cofradía del Santo Entierro, hasta que tuvieron que ser enajenadas. Más tarde se le adosó el Colegio de los Padres Claretianos: El Sagrado Corazón de Jesús. En los años setenta del s.XX se trasladó derribando las dependencias que la circundaban, quedando la plaza y calle como hoy se ve. En ella se fundó la Real Cofradía del Santo Entierro en el año 1593, aunque se cree que ya existía algún tipo de acto o procesión anterior a esta fecha. Por su situación en el llamado Barrio de la Lana, fundado por repobladores palentinos en el s.XI. Esta iglesia como otras del románico zamorano participa de las soluciones tan caras a los talleres que hubo, en concreto ésta al que debió hacer las iglesias de: por orden cronológico supuesto, San Juan de Puerta Nueva, San Esteban, Santiago del Burgo, Espíritu Santo y Santa María de los Olleros (Los Remedios); esto es, planta basilical, tres naves, excepto en El Espíritu Santo, cabeceras planas, ausencia de decoración si no es vegetal, uso de la imposta zamorana: bocel y nacela, y aparición de elementos clásicos como acróteras. Pertenece al segundo período constructivo del románico de la Ciudad de Zamora, el posterior a la construcción de la Catedral, de donde toma luna cierta austeridad decorativa, y muchos de sus elementos característicos. En origen poseyó torre, que debió ser como la de Santiago del Burgo, tuvo que ser derribada en el s.XIX por amenazar ruina. En el s.XX se le añadió sobre el arco triunfal central una espadaña de ladrillo, de entonces es también un coro funcional de acero que está en los pies del templo. Durante el s.XVIII, Castellote, arquitecto neoclásico elevó las bóvedas de lunetos con adornos barrocos que muestra su interior. Respecto a si tuvo alguna vez o no bóvedas románicas, no parece a juzgar por la elevadísima altura de los vanos que fuera posible, puesto que no queda espacio para voltearlas y los muros por su esbeltez no las soportarían con facilidad; así es que desde un principio excepto los tres ábsides que la tienen apuntadas, se debió cubrir con una armadura de madera. En el exterior la portada meridional es la de más valía, muestra varias arquivoltas compuestas de impostas zamoranas sobre un cimacio idéntico y capiteles vegetales. La norte posee menos arquivoltas, siendo de sección cuadrangular, apean sobre capiteles vegetales más sencillos que los anteriores; merece la pena fijarse en la marca de cantería que muestra un nudo gordiano u ocho en una de las dovelas. De todas los vanos de la iglesia, sencillísimos, reducidos a un arco y frontal con vano destacan los que se apoyan sobre la omnipresente imposta zamorana y sobre todo el central del ábside mayor. A escala menor repite el esquema de la portada meridional, aunque sus capiteles son los de mayor calidad de la iglesia. Parece conservar restos de policromía anaranjada. El vano central se amplió para dar mayor iluminación al pseudo-transparente que tenía el retablo mayor. Las ventanillas que posee el presbiterio de éste ábside parecen no haber servido nunca a no ser para airear las bóvedas, pues comunica con su trasdos. Curiosa es la disposición de dos vanos, uno sobre el otro en el primer tramo de la nave, lo que viene a reforzar la idea de un interior de planta de salón y no de tres naves.
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